sábado, 13 de diciembre de 2008

El Viaje

Ya ha empezado. Siento la energía que me hace volver a sentirme viva. En cada parte de mi pequeño cuerpo etéreo una chispa de vida hace de mí un nuevo ser. Mi nuevo cuerpo está empezando a reclamarme. Pronto nos reuniremos para realizar juntos este viaje. Siempre me alegro de ser tan frágil y ligera. Mi anfitrión es un ser débil que me necesita para empezar a ser fuerte. Cuando nos fusionemos en una sola persona yo estaré ahí para cuidar siempre de él.
Nuestra madre casi no notará que he llegado. Me acogerá con el mismo amor que lo ha estado haciendo con él durante estos 120 días. Ninguno recordará que hubo un tiempo en el que existimos el uno sin el otro. Eso no formará parte de nuestra memoria. Ya empiezo a notar como él crece. Como poco a poco va haciendo un hueco en una parte de ese pequeño proyecto en el que nos convertiremos para dejar que yo meta mis escasos 21 gramos en él. Siempre estaré eternamente agradecida por este recibimiento, e intentaré devolverle el favor intentando ser siempre una leal compañera.
No sé si despedirme de las estrellas que me acompañan cada día, no sé si despedirme de las nebulosas que me dejan descansar en ellas, no sé si despedirme del universo que me acoge cada vez que me encuentro perdida, no sé si despedirme de los cometas que me dan chorlitos cuando me encuentran despistada. He descubierto que no me gustan las despedidas. Son tristes y yo no quiero llevar tristeza en mi maleta. Ellos lo comprenderán y me perdonaran la próxima vez que nos veamos. No importa cuánto tiempo pase, ellos seguirán aquí. Hoy, a modo de despedida y en honor a ellos, bailaremos todos en el limbo hasta que se quejen los vecinos de que molestamos con la música. Aunque no lo creas la Vía Láctea es una vieja cascarrabias.

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