domingo, 14 de diciembre de 2008

El Inicio

Por fin mis párpados comienzan a pesarme. No sé porque pero siempre me alegro enormemente al sentir esa pesadez. Todo pasará muy rápido, casi no nos daremos cuenta, y de repente explotará toda esa energía que he ido acumulando todo este tiempo para poder salir al exterior de este aletargado sueño. Y entonces se producirá el momento más bello de mi vida. Abriré los ojos y hay estará ella. La primera que encontraré a lo largo del camino. La que me guiará y me dará las herramientas para buscar a mis hermanas. Ya me siento más segura. Todos mis miedos se han evaporado. Los primeros minutos de mi nueva vida los pasaré mirándonos fijamente hasta que volvamos a reconocernos. Hasta que seamos conscientes que estamos predestinadas desde el principio. Me pregunto cuánto tiempo habrá estado esperándome. Yo demasiado tiempo. Pero no me importa, ya estamos juntos otra vez.
De nuevo ese leve cosquilleo que me avisa que cerca hay otra de ellas. Me mirará con unos ojos que reflejaran su enorme felicidad por haberme encontrado de nuevo y yo intentaré trasmitirle lo mismo a través de los míos, ya que mi pequeño cuerpo aún no está preparado para mostrar emociones. Tendré que enseñarle, pero no me importa. El tendrá que enseñarme otras muchas cosas también. Tenemos que funcionar como un solo ser. Como un solo ente porque si funcionásemos por separados seriamos demasiado infelices.
Ellas son las primeras de muchas. Estoy tan contenta de estar junto a ellas. He pasado mucho tiempo esperando este momento para no disfrutarlo ahora. El haberlas encontrado es lo que me anima a seguir buscando a las demás, porque me he dado cuenta que si ellas están aquí, las demás también deben de estar. Quizás algunas lleguen después que yo. No me importa esperarlas. Algunas ya estarán aquí pero no las encontraré hasta dentro de muchos años. Pero sabremos reconocernos y disfrutar del tiempo que aún nos queda para compartir. Lo que si tengo claro es que dedicaré casi toda mi vida a buscarlas, reunirlas y a intentar que sean felices a mi lado. Después de tantos y tantos reencuentros nos lo merecemos.
Ahora, si me disculpan, voy a seguir disfrutando del enorme placer que me produce estar en los brazos de mis recién reencontradas almas gemelas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario