Por fin mis párpados comienzan a pesarme. No sé porque pero siempre me alegro enormemente al sentir esa pesadez. Todo pasará muy rápido, casi no nos daremos cuenta, y de repente explotará toda esa energía que he ido acumulando todo este tiempo para poder salir al exterior de este aletargado sueño. Y entonces se producirá el momento más bello de mi vida. Abriré los ojos y hay estará ella. La primera que encontraré a lo largo del camino. La que me guiará y me dará las herramientas para buscar a mis hermanas. Ya me siento más segura. Todos mis miedos se han evaporado. Los primeros minutos de mi nueva vida los pasaré mirándonos fijamente hasta que volvamos a reconocernos. Hasta que seamos conscientes que estamos predestinadas desde el principio. Me pregunto cuánto tiempo habrá estado esperándome. Yo demasiado tiempo. Pero no me importa, ya estamos juntos otra vez.
De nuevo ese leve cosquilleo que me avisa que cerca hay otra de ellas. Me mirará con unos ojos que reflejaran su enorme felicidad por haberme encontrado de nuevo y yo intentaré trasmitirle lo mismo a través de los míos, ya que mi pequeño cuerpo aún no está preparado para mostrar emociones. Tendré que enseñarle, pero no me importa. El tendrá que enseñarme otras muchas cosas también. Tenemos que funcionar como un solo ser. Como un solo ente porque si funcionásemos por separados seriamos demasiado infelices.
Ellas son las primeras de muchas. Estoy tan contenta de estar junto a ellas. He pasado mucho tiempo esperando este momento para no disfrutarlo ahora. El haberlas encontrado es lo que me anima a seguir buscando a las demás, porque me he dado cuenta que si ellas están aquí, las demás también deben de estar. Quizás algunas lleguen después que yo. No me importa esperarlas. Algunas ya estarán aquí pero no las encontraré hasta dentro de muchos años. Pero sabremos reconocernos y disfrutar del tiempo que aún nos queda para compartir. Lo que si tengo claro es que dedicaré casi toda mi vida a buscarlas, reunirlas y a intentar que sean felices a mi lado. Después de tantos y tantos reencuentros nos lo merecemos.
Ahora, si me disculpan, voy a seguir disfrutando del enorme placer que me produce estar en los brazos de mis recién reencontradas almas gemelas.
domingo, 14 de diciembre de 2008
sábado, 13 de diciembre de 2008
El Viaje
Ya ha empezado. Siento la energía que me hace volver a sentirme viva. En cada parte de mi pequeño cuerpo etéreo una chispa de vida hace de mí un nuevo ser. Mi nuevo cuerpo está empezando a reclamarme. Pronto nos reuniremos para realizar juntos este viaje. Siempre me alegro de ser tan frágil y ligera. Mi anfitrión es un ser débil que me necesita para empezar a ser fuerte. Cuando nos fusionemos en una sola persona yo estaré ahí para cuidar siempre de él.
Nuestra madre casi no notará que he llegado. Me acogerá con el mismo amor que lo ha estado haciendo con él durante estos 120 días. Ninguno recordará que hubo un tiempo en el que existimos el uno sin el otro. Eso no formará parte de nuestra memoria. Ya empiezo a notar como él crece. Como poco a poco va haciendo un hueco en una parte de ese pequeño proyecto en el que nos convertiremos para dejar que yo meta mis escasos 21 gramos en él. Siempre estaré eternamente agradecida por este recibimiento, e intentaré devolverle el favor intentando ser siempre una leal compañera.
No sé si despedirme de las estrellas que me acompañan cada día, no sé si despedirme de las nebulosas que me dejan descansar en ellas, no sé si despedirme del universo que me acoge cada vez que me encuentro perdida, no sé si despedirme de los cometas que me dan chorlitos cuando me encuentran despistada. He descubierto que no me gustan las despedidas. Son tristes y yo no quiero llevar tristeza en mi maleta. Ellos lo comprenderán y me perdonaran la próxima vez que nos veamos. No importa cuánto tiempo pase, ellos seguirán aquí. Hoy, a modo de despedida y en honor a ellos, bailaremos todos en el limbo hasta que se quejen los vecinos de que molestamos con la música. Aunque no lo creas la Vía Láctea es una vieja cascarrabias.
Nuestra madre casi no notará que he llegado. Me acogerá con el mismo amor que lo ha estado haciendo con él durante estos 120 días. Ninguno recordará que hubo un tiempo en el que existimos el uno sin el otro. Eso no formará parte de nuestra memoria. Ya empiezo a notar como él crece. Como poco a poco va haciendo un hueco en una parte de ese pequeño proyecto en el que nos convertiremos para dejar que yo meta mis escasos 21 gramos en él. Siempre estaré eternamente agradecida por este recibimiento, e intentaré devolverle el favor intentando ser siempre una leal compañera.
No sé si despedirme de las estrellas que me acompañan cada día, no sé si despedirme de las nebulosas que me dejan descansar en ellas, no sé si despedirme del universo que me acoge cada vez que me encuentro perdida, no sé si despedirme de los cometas que me dan chorlitos cuando me encuentran despistada. He descubierto que no me gustan las despedidas. Son tristes y yo no quiero llevar tristeza en mi maleta. Ellos lo comprenderán y me perdonaran la próxima vez que nos veamos. No importa cuánto tiempo pase, ellos seguirán aquí. Hoy, a modo de despedida y en honor a ellos, bailaremos todos en el limbo hasta que se quejen los vecinos de que molestamos con la música. Aunque no lo creas la Vía Láctea es una vieja cascarrabias.
viernes, 12 de diciembre de 2008
El Alma Mater
Como cada mañana me despierto entre nebulosas y estrellas. Miro fijamente el infinito para ver si ahí encuentro lo que busco. Pero me doy cuenta alarmantemente pronto de que aun no ha llegado mi momento.
Doy vueltas y más vueltas, vueltas sobre mí, vueltas alrededor de mí, pero sigo sin encontrarme. Respiro hondo y vuelvo a un estado de reposo. Ya llegará, me repito cada día como mi mantra personal. Entonces recuerdo que no estoy sola, que a mí alrededor pululan cientos como yo, pero siguen sin ser ellos. Ha pasado tanto tiempo desde la última vez que ya casi ni las recuerdo. Eso me da miedo, más que miedo me da terror, ¿y si no consigo reconocerlas cuando las tenga delante?
He de tranquilizarme, lo he hecho cientos de veces y siempre he podido a pesar de que nunca han estado en el mismo lugar. Sonrío porque eso me gusta. Es como los juegos infantiles que he aprendido y olvidado otras tantas veces. Estoy segura de que las encontraré. No quiero escuchar historias de que no siempre sucede. Yo lo haré. Nuestra conexión es demasiado fuerte para no darse cuenta de que ahí está, esperando a ser usada. No es otra sino esa su finalidad. La de guiarme hasta ellas.
Sé que pronto llegará mi momento. Abro los ojos una y otra vez con la esperanza de encontrarme otros dos ojos que me dirán si ya he empezado mi camino. Esos ojos me acompañaran casi el resto de mi demasiada corta vida. Pero no me importa. Si sumo esas pequeñas vidas sumaré una gran vida, y lo mejor de todo, una gran vida rodeada de ellas. No siempre el todo es mayor que las partes.
Mi viaje se acerca, lo presiento, lo sé. Pronto comenzaré mi búsqueda y, durante un breve espacio de tiempo, seré muy muy feliz porque ellas estarán conmigo. Y eso es lo que me anima a seguir tantas veces como sea necesario hasta que llegue el día en que me desgaste de ser tan feliz.
Doy vueltas y más vueltas, vueltas sobre mí, vueltas alrededor de mí, pero sigo sin encontrarme. Respiro hondo y vuelvo a un estado de reposo. Ya llegará, me repito cada día como mi mantra personal. Entonces recuerdo que no estoy sola, que a mí alrededor pululan cientos como yo, pero siguen sin ser ellos. Ha pasado tanto tiempo desde la última vez que ya casi ni las recuerdo. Eso me da miedo, más que miedo me da terror, ¿y si no consigo reconocerlas cuando las tenga delante?
He de tranquilizarme, lo he hecho cientos de veces y siempre he podido a pesar de que nunca han estado en el mismo lugar. Sonrío porque eso me gusta. Es como los juegos infantiles que he aprendido y olvidado otras tantas veces. Estoy segura de que las encontraré. No quiero escuchar historias de que no siempre sucede. Yo lo haré. Nuestra conexión es demasiado fuerte para no darse cuenta de que ahí está, esperando a ser usada. No es otra sino esa su finalidad. La de guiarme hasta ellas.
Sé que pronto llegará mi momento. Abro los ojos una y otra vez con la esperanza de encontrarme otros dos ojos que me dirán si ya he empezado mi camino. Esos ojos me acompañaran casi el resto de mi demasiada corta vida. Pero no me importa. Si sumo esas pequeñas vidas sumaré una gran vida, y lo mejor de todo, una gran vida rodeada de ellas. No siempre el todo es mayor que las partes.
Mi viaje se acerca, lo presiento, lo sé. Pronto comenzaré mi búsqueda y, durante un breve espacio de tiempo, seré muy muy feliz porque ellas estarán conmigo. Y eso es lo que me anima a seguir tantas veces como sea necesario hasta que llegue el día en que me desgaste de ser tan feliz.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)